hace 9 años
En el arte de la escritura, el tiempo verbal es una herramienta poderosa que moldea la percepción del lector y define la atmósfera de un texto. Aunque instintivamente asociamos el pasado con el tiempo verbal pretérito, existe un recurso estilístico fascinante y efectivo: el uso del presente para narrar eventos pasados, especialmente en el ámbito de la literatura y el análisis histórico. Pero, ¿cuándo es apropiado y cuándo debemos evitarlo? Sumérgete con nosotros en esta exploración del tiempo, donde el pasado cobra vida en un presente continuo.

El Presente Literario: Un Mundo Atemporal
Cuando nos adentramos en el análisis de obras literarias, nos encontramos con una peculiaridad lingüística: la frecuencia del presente literario. Este uso del presente no se debe a un error gramatical, sino a una convención estilística que busca resaltar la atemporalidad de las obras de ficción. Las historias, especialmente aquellas que perduran en el tiempo como los clásicos, parecen existir en un plano temporal diferente al nuestro. Cada vez que abrimos las páginas de La Odisea o nos sumergimos en las aventuras de Don Quijote, los personajes reviven sus acciones, las emociones se sienten frescas y los conflictos se desarrollan ante nuestros ojos.
Consideremos la frase: "En la mitad de La Odisea, el héroe Odiseo viaja al reino de los muertos". El verbo "viaja" está en presente, pero se refiere a un evento narrado en el pasado. Esta elección no es casual. Al usar el presente, evocamos la vivacidad y la recurrencia de la historia. Los poemas homéricos no son eventos aislados en el tiempo; son narraciones que se reactualizan con cada lectura, que cobran vida en la mente del lector. El presente literario subraya esta cualidad intemporal, esta capacidad de las obras de ficción de revivir cada vez que las experimentamos.
Es importante distinguir, sin embargo, entre la obra y el autor. Si bien las acciones dentro de la obra literaria pueden describirse en presente, al hablar del autor, como Homero, debemos recurrir al pasado. "Homero compuso sus epopeyas de forma espontánea durante sus presentaciones". Homero, como figura histórica, pertenece al pasado, mientras que sus obras trascienden el tiempo. Por lo tanto, en un análisis literario, es común encontrar una combinación de pretérito y presente, dependiendo de si nos referimos al autor o a la obra en sí.
El Pasado en la Historia: Objetividad y Distancia
En contraste con la literatura, la escritura histórica se caracteriza por el predominio del pretérito. La historia, por definición, se ocupa de eventos que ya ocurrieron. Si bien es posible narrar eventos históricos en presente, este recurso suele ser más propio del lenguaje coloquial que de la escritura formal y académica.
Imaginemos la siguiente conversación informal: "¡Y entonces, ayer, yo estoy en la fila del supermercado y de repente entra un tipo y lo roba!". Aquí, acciones pasadas ("ayer") se expresan en presente ("estoy", "entra", "roba"). Este uso del presente busca vivificar el relato, hacer que el oyente se sienta presente en la escena. El hablante se coloca en el momento del evento para transmitir la inmediatez de la experiencia.

Sin embargo, en un contexto académico, esta vivacidad puede percibirse como falta de objetividad. El uso del pretérito, en cambio, crea una sensación de distancia y neutralidad. "Ayer estuve en la fila del supermercado y un hombre entró y lo robó". El pretérito ("estuve", "entró", "robó") sugiere que el hablante observa el evento con mayor desapego, como un observador externo. En la escritura histórica, esta objetividad es crucial. El historiador busca presentar los hechos de manera razonada y sobria, evitando la emotividad excesiva.
Consideremos el ejemplo de Carlomagno y los sajones. En presente, podríamos escribir: "Como resultado, casi todos los años de su reinado, Carlomagno se ve obligado a ir y vencer a los sajones una vez más y tiene que recristianizarlos en el acto". Esta descripción es intensa y vívida, pero carece de la serenidad propia del análisis histórico. En pretérito, la misma frase se transforma: "Como resultado, casi todos los años de su reinado, Carlomagno se vio obligado a ir y vencer a los sajones una vez más y tuvo que recristianizarlos en el acto". Menos emocionante, quizás, pero más compuesta y persuasiva para un lector que busca un análisis histórico razonado.
El Peligro de Mezclar Tiempos Verbales
Uno de los problemas de introducir el presente en la escritura histórica es la inevitable necesidad de volver al pretérito. La mezcla de tiempos verbales puede resultar desconcertante y poco elegante. Por ejemplo: "Casi todos los años de su reinado, Carlomagno se ve obligado a ir y vencer a los sajones de nuevo y tiene que recristianizarlos en el acto. Fue un problema grave y nunca lo resolvió completamente". La alternancia entre presente ("se ve obligado", "tiene que") y pretérito ("fue", "resolvió") crea una disonancia que dificulta la lectura. ¿Debemos imaginarnos junto a Carlomagno sufriendo sus problemas, o contemplarlo desde la distancia histórica reflexionando sobre sus tribulaciones?
La solución es simple: en un texto de carácter histórico, donde el pretérito es el tiempo verbal dominante, lo mejor es mantenerse en el pretérito tanto como sea posible y evitar los saltos innecesarios entre pasado y presente.
Excepciones: El Presente de las Conclusiones y la Percepción Actual
Existen excepciones importantes a la regla general de evitar el presente en la escritura académica. Cuando los estudiosos modernos formulan conclusiones sobre el pasado, es apropiado usar el presente. Aunque los datos provengan del pasado, la conclusión existe en el presente y debe expresarse como tal.
Por ejemplo, si bien César gobernó en el pasado, las conclusiones que los investigadores actuales extraen sobre su vida y reinado son vigentes. Así, podemos afirmar: "La generalidad de César deja la impresión del hombre adecuado en el momento adecuado de la historia". En otras palabras, si queremos expresar que una tesis sobre el pasado es válida hoy, debemos hacerlo en presente: "Esto promueve la idea de que..." o "Los fracasos de Justiniano sugieren que el desorden interno del Imperio Bizantino fue su responsabilidad porque...".

Esto se aplica no solo a nuestras ideas, sino también a lo que vemos y a cómo lo percibimos. "El Tapiz de Bayeux representa a Guillermo el Conquistador como poseedor de un derecho justo y justificado al trono inglés..." o "La Carta Magna argumenta a favor del fuerte sentido del deber feudal que sentían los barones ingleses...". También se aplica a lugares que, aunque hayan sido escenario de eventos pasados, existen en el presente: "El campo de batalla se encuentra al este de Roma". En resumen, el presente es adecuado en la argumentación histórica cuando se discuten aspectos como la geografía, el estado actual de la investigación o conclusiones vigentes.
El Pretérito Literario: La Ilusión del Presente en el Pasado
Más allá del presente histórico, existe un concepto crucial para comprender la narrativa en pretérito: el pretérito literario. La mayoría de las historias narradas en pretérito se escriben como si los eventos estuvieran sucediendo ahora. A pesar de usar formas verbales en pasado, dentro de la historia, los eventos se desarrollan en un presente continuo.
Esto contrasta con el pretérito normal, donde los eventos ya han ocurrido dentro del propio relato. En el pretérito normal, el narrador conoce el desenlace y relata desde una perspectiva retrospectiva. Esto añade distancia y reduce la tensión. Por ejemplo, una historia con un narrador en primera persona que cuenta eventos de su pasado podría usar el pretérito normal.
En el pretérito literario, en cambio, los eventos no han ocurrido aún dentro de la historia. El personaje no conoce el futuro y experimenta los acontecimientos por primera vez, junto con el lector. Aunque se use el pretérito, la narrativa se despliega como si fuera en presente, generando mayor suspense y tensión. El pretérito literario busca crear la ilusión de que el lector vive los eventos al mismo tiempo que el personaje, a pesar de que la gramática nos diga que estamos en el pasado.
| Característica | Pretérito Literario | Pretérito Normal |
|---|---|---|
| Tiempo dentro de la historia | Eventos no han ocurrido aún | Eventos ya han ocurrido |
| Perspectiva del narrador | Desconocimiento del futuro | Conocimiento del desenlace |
| Sensación para el lector | Inmediatez, presente continuo | Distancia, retrospectiva |
| Tensión y suspense | Mayor | Menor |
Preguntas Frecuentes
- ¿Puedo usar el presente simple para hablar de hábitos pasados?
- No. El presente simple se utiliza para hábitos actuales, situaciones permanentes, verdades generales y eventos futuros programados. Para hábitos pasados, se utiliza el pretérito imperfecto o la construcción "solía + infinitivo".
- ¿Es correcto mezclar el presente y el pretérito en un texto histórico?
- Generalmente, no es recomendable mezclar el presente y el pretérito en la narrativa histórica, ya que puede generar confusión y falta de claridad. Sin embargo, como se ha explicado, el presente puede ser adecuado para expresar conclusiones o describir aspectos vigentes en el presente relacionados con el pasado.
- ¿El pretérito literario es lo mismo que el presente histórico?
- No. El presente histórico es el uso del presente para narrar eventos pasados, buscando vivacidad. El pretérito literario es el uso del pretérito de forma que se crea la ilusión de presente en la narrativa, generando inmediatez y suspense.
- ¿Qué tiempo verbal es más común en la narrativa?
- El pretérito literario es el tiempo verbal más común en la narrativa, ya que ofrece un equilibrio entre la narración en pasado y la sensación de inmediatez para el lector.
En conclusión, el uso del presente para hablar del pasado es un recurso estilístico valioso, especialmente en la literatura y en ciertos contextos de la escritura histórica. Comprender las diferencias entre el presente literario, el pretérito literario y el pretérito normal, así como las convenciones de cada género, nos permite utilizar el tiempo verbal de forma consciente y efectiva, enriqueciendo nuestros textos y cautivando a nuestros lectores.
