hace 4 años
La adopción de cultivos genéticamente modificados (GMO), también conocidos como transgénicos, ha experimentado un crecimiento exponencial a nivel mundial en las últimas décadas. Argentina, como potencia agrícola, no ha sido ajena a esta tendencia. Pero, ¿cuál es el cultivo transgénico que más se ha extendido en los campos argentinos? Y ¿cuál fue el primer alimento transgénico en llegar al mercado?
El Auge Global de los Cultivos Transgénicos
Según el informe de 2020 de ISAAA (Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas), la superficie mundial dedicada a cultivos transgénicos superó las 206 millones de hectáreas en 2023, con 17 millones de agricultores en 29 países apostando por esta tecnología en 2019. Este dato refleja una clara tendencia hacia la adopción de la biotecnología en la agricultura a gran escala.

Entre los cultivos transgénicos más extendidos a nivel global, encontramos una diversidad de especies con características mejoradas. La soja, el maíz, el algodón, la canola, la remolacha azucarera y la alfalfa lideran la lista, principalmente con tolerancia a herbicidas. También destacan el maíz, el algodón, la berenjena y la caña de azúcar resistentes a insectos (Bt), así como combinaciones de tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos en maíz, algodón y soja.
Más allá de estos cultivos principales, se cultivan, aunque en menor medida, variedades transgénicas de papaya, calabacín amarillo, maíz y caña de azúcar tolerantes a sequía, clavel y rosa de color azul, papa y manzana resistentes al pardeamiento, soja y cártamo con alto contenido de ácido oleico, cártamo productor de quimosina bovina, y piña rosada.
La innovación en este campo continúa, con la reciente incorporación de porotos resistentes a virus en Brasil, porotos caupí resistentes a insectos en Nigeria, y trigo y soja transgénicos tolerantes a sequía en Argentina. Incluso el arroz dorado, tras más de 20 años de desarrollo, ha sido aprobado en Filipinas, y el tomate morado rico en antocianinas ha llegado al mercado estadounidense.
Argentina y los Cultivos Transgénicos: Soja a la Cabeza
En Argentina, el cultivo transgénico que históricamente ha dominado la superficie sembrada es la soja. Desde su introducción en la década de 1990, la soja transgénica tolerante a herbicidas, principalmente al glifosato, se convirtió en un pilar fundamental de la agricultura argentina. La adopción masiva de esta tecnología se debió a diversos factores:
- Eficiencia en el control de malezas: La tolerancia a herbicidas simplificó el manejo de malezas, reduciendo la necesidad de labranza y permitiendo un control más efectivo.
- Reducción de costos: La disminución del uso de herbicidas y la simplificación de las labores agrícolas contribuyeron a reducir los costos de producción.
- Aumento de rendimientos: Si bien la tecnología de tolerancia a herbicidas en sí misma no incrementa directamente el rendimiento, el mejor control de malezas y las prácticas asociadas a la siembra directa, facilitadas por esta tecnología, contribuyeron a aumentar la productividad.
- Demanda del mercado internacional: La creciente demanda mundial de soja, impulsada principalmente por China, incentivó la expansión del cultivo en Argentina.
Si bien no hay datos oficiales que indiquen *exactamente* qué porcentaje de la superficie sembrada con transgénicos en Argentina corresponde a soja, se estima que es el cultivo predominante, superando ampliamente al maíz y al algodón transgénicos. El maíz transgénico también ha ganado terreno en Argentina, principalmente con eventos de resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas, seguido por el algodón transgénico, también con características similares.
Otros Cultivos Transgénicos en Argentina
Además de la soja y el maíz, en Argentina se cultivan, en menor escala, otros transgénicos como:
- Trigo transgénico tolerante a sequía: Aprobado recientemente, representa una innovación importante para zonas con estrés hídrico. Se siembra bajo un sistema de identidad preservada, lo que significa que se produce para mercados específicos que demandan este tipo de trigo.
- Soja transgénica tolerante a sequía: Similar al trigo, busca mejorar la productividad en condiciones de sequía. También se siembra bajo identidad preservada.
- Alfalfa transgénica tolerante a herbicidas: Utilizada principalmente para la producción de forraje para ganado.
El Primer Alimento Transgénico: El Tomate Flavr Savr
Para entender la historia de los alimentos transgénicos, debemos remontarnos a la década de 1990. El primer alimento transgénico aprobado para consumo humano fue el tomate Flavr Savr. Desarrollado por la empresa Calgene, este tomate fue modificado genéticamente para tener una mayor vida útil.
La razón detrás de este desarrollo era simple pero importante: los tomates convencionales tienden a ablandarse y deteriorarse rápidamente después de la cosecha, lo que dificulta su transporte y almacenamiento, y reduce su calidad al llegar al consumidor. El tomate Flavr Savr fue diseñado para retrasar este proceso de maduración y ablandamiento.
La modificación genética del tomate Flavr Savr consistió en la inhibición de la producción de la enzima poligalacturonasa (PG). Esta enzima es responsable de la degradación de la pectina, un componente de la pared celular de las plantas, lo que provoca el ablandamiento de los frutos durante la maduración. Al reducir la actividad de la PG, el tomate Flavr Savr mantenía su firmeza por más tiempo, permitiendo una mayor vida útil y mejor calidad.

El tomate Flavr Savr fue aprobado para su comercialización en Estados Unidos en 1994. Si bien representó un hito en la historia de la biotecnología alimentaria, su éxito comercial fue limitado. Problemas de producción, sabor y el auge de la preocupación pública por los alimentos transgénicos contribuyeron a su eventual desaparición del mercado.
A pesar de su corta vida comercial, el tomate Flavr Savr sentó un precedente importante y abrió el camino para el desarrollo y la aprobación de otros alimentos transgénicos que hoy en día consumimos.
Beneficios y Consideraciones de los GMOs
Los cultivos transgénicos ofrecen una serie de beneficios potenciales para la agricultura y la seguridad alimentaria:
- Aumento de rendimientos: En algunos casos, los GMOs pueden contribuir a aumentar la productividad de los cultivos, lo que es crucial para alimentar a una población mundial en crecimiento.
- Reducción del uso de pesticidas: Los cultivos resistentes a insectos (Bt) permiten reducir la necesidad de insecticidas sintéticos, lo que puede tener beneficios ambientales y económicos.
- Tolerancia a herbicidas: Simplifica el manejo de malezas y puede reducir la necesidad de labranza, lo que a su vez puede mejorar la salud del suelo.
- Mejora nutricional: Algunos GMOs están diseñados para mejorar el valor nutricional de los alimentos, como el arroz dorado con mayor contenido de vitamina A.
- Resistencia a condiciones adversas: Cultivos tolerantes a sequía, salinidad o enfermedades pueden ser cruciales en regiones con condiciones ambientales desafiantes.
Sin embargo, también existen preocupaciones y debates en torno a los GMOs:
- Impacto ambiental: Preocupaciones sobre el desarrollo de malezas resistentes a herbicidas, el flujo de genes a variedades silvestres y el impacto en la biodiversidad.
- Seguridad alimentaria: Aunque numerosos estudios científicos no han encontrado evidencia de riesgos para la salud humana asociados al consumo de GMOs aprobados, persisten dudas y preocupaciones en algunos sectores de la población.
- Concentración del mercado: La propiedad intelectual de las semillas transgénicas y la concentración del mercado de semillas en pocas empresas generan preocupación sobre el control de la agricultura y el acceso a la tecnología para los agricultores.
- Ética y elección del consumidor: Debates sobre la modificación de la naturaleza y el derecho de los consumidores a elegir si consumen o no alimentos transgénicos, lo que se relaciona con el etiquetado de alimentos.
Preguntas Frecuentes sobre GMOs en Argentina
¿Son seguros los alimentos transgénicos?
Las principales organizaciones científicas a nivel mundial, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), coinciden en que los alimentos transgénicos aprobados para consumo humano son seguros. Se realizan rigurosas evaluaciones de seguridad antes de su aprobación, comparándolos con sus contrapartes convencionales. Sin embargo, el debate público sobre su seguridad continúa.
¿Es obligatorio el etiquetado de alimentos transgénicos en Argentina?
En Argentina, no existe una ley nacional que obligue al etiquetado específico de alimentos transgénicos en general. Sin embargo, sí existen regulaciones para algunos casos específicos y normativas que exigen el etiquetado en caso de que un alimento transgénico presente diferencias significativas en su composición o características con respecto a su contraparte convencional.
¿Qué otros países cultivan GMOs además de Argentina?
Además de Argentina, otros países con una alta adopción de cultivos transgénicos incluyen Estados Unidos, Brasil, India, Canadá, China, Paraguay, Pakistán, Sudáfrica, Bolivia y Australia, entre otros. La adopción varía según el país y el cultivo.
¿Dónde puedo encontrar más información sobre GMOs en Argentina?
Para obtener información confiable sobre GMOs en Argentina, puedes consultar fuentes como:
- ArgenBio: Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología.
- Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación Argentina.
- INTA: Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
- CONICET: Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Conclusión
En Argentina, la soja transgénica se ha consolidado como el GMO más sembrado a lo largo de los años, impulsada por su eficiencia, rentabilidad y demanda global. Sin embargo, el panorama de los cultivos transgénicos es dinámico y en constante evolución, con nuevas variedades y tecnologías emergiendo continuamente. Comprender el papel de los GMOs en la agricultura argentina y a nivel mundial es fundamental para analizar los desafíos y oportunidades que presenta la biotecnología en la producción de alimentos en el siglo XXI.
